El pasado 15 de enero tuve la oportunidad de vivir una experiencia especialmente enriquecedora: participar como ponente en el Congreso Andalucía Innova, un evento impulsado por el Centro Andaluz de Innovación en FP (CAPIFP). Fue una jornada intensa, de esas que te dejan con la sensación de haber aprendido, compartido y conectado con mucha gente que está empujando la educación hacia adelante desde la práctica real.
Durante el congreso se respiraba un ambiente muy “de aula”: cercano, útil y con ganas de construir. Hubo sesiones muy didácticas y ponencias realmente interesantes alrededor de la Formación Profesional, la innovación y, en general, sobre cómo está evolucionando la educación en los últimos años. Me gustó especialmente que no se trataba solo de hablar de tendencias o de “lo que podría ser”, sino de aterrizar ideas, mostrar experiencias y abrir debates que, a quienes estamos en centros educativos, nos resultan muy reconocibles.
Mi ponencia: “Inteligencia Artificial e Innovación”
En mi caso, mi intervención llevó por título “Inteligencia Artificial e Innovación”, y fue una oportunidad perfecta para poner sobre la mesa algo que creo que es clave ahora mismo: cómo usar la IA generativa para diseñar y desarrollar proyectos de innovación educativa, sin caer en la tentación de usarla “porque sí”.
Porque, aunque parezca obvio, conviene repetirlo: la IA no es la solución para todo. De hecho, uno de los mensajes centrales de la ponencia fue precisamente ese: no deberíamos aplicar IA en todos los casos, sino solo cuando realmente aporte valor añadido. Cuando nos ayuda a mejorar un proceso, a ahorrar tiempo en tareas mecánicas, a explorar ideas que de otra manera costarían mucho más, o a crear recursos y prototipos con rapidez. En cambio, si usar IA solo añade complejidad, ruido o dependencia… entonces quizá no era el camino.
Hablamos de IA desde un enfoque muy práctico: como herramienta para acelerar fases de un proyecto (ideación, documentación, planificación, generación de materiales, pruebas con usuarios, etc.) y como apoyo para tomar decisiones mejor informadas. También comentamos la importancia de usarla con criterio, con transparencia y con un mínimo de cultura digital: saber qué puede hacer, qué no, y qué riesgos tiene si no la usamos bien (desde sesgos hasta errores “muy convincentes”).
ItakAI como ejemplo de buen uso
Dentro de este marco, presenté ItakAI como un ejemplo claro de uso responsable y útil de la IA aplicada a la innovación. No como “demo bonita”, sino como una idea con enfoque educativo y con intención de resolver necesidades reales del profesorado: apoyar, orientar, sugerir, agilizar… sin sustituir el criterio docente ni convertir la tecnología en un fin en sí mismo.
Lo mejor fue ver la reacción del público. La propuesta tuvo muy buena aceptación, y eso siempre da energía extra: cuando compartes algo en lo que crees y notas que conecta, que se entiende y que despierta curiosidad, te reafirma en que merece la pena seguir mejorándolo.
Y ahora… a seguir construyendo
Me quedo con la sensación de que estamos en un momento interesante: la IA está entrando con fuerza, pero también empieza a aparecer una conversación más madura sobre su uso. Y ojalá sigamos por ahí: menos “hype” y más utilidad real, más pedagogía y más proyectos que mejoren de verdad el día a día en los centros.
Por nuestra parte, la idea es clara: seguir evolucionando ItakAI, incorporar mejoras, escuchar feedback y convertirla poco a poco en una herramienta que pueda aportar valor al profesorado de distintas etapas educativas. Si conseguimos que ayude a ahorrar tiempo, a diseñar mejor actividades, o a impulsar proyectos de innovación con más claridad y menos fricción, habrá merecido la pena.
Gracias a la organización del Congreso Andalucía Innova y al CAPIFP por contar conmigo. Y, sobre todo, gracias a todas las personas con las que pude conversar durante la jornada: de esos encuentros salen muchas de las mejores ideas.

Miguel Ángel Ronda




